Capítulo 56. La orden de ejecución.
El aire acondicionado de la oficina enfrió el sudor en el cuello de Valentina. Su corazón latía a toda velocidad. Cien latidos por minuto. Le golpeaba las costillas bajo el algodón negro de su vestido.
Habían lanzado la primera bomba a más de mil kilómetros de distancia. Ahora solo quedaba esperar la onda expansiva del impacto.
Renzo caminó hacia ella. Sus botas negras no hicieron ningún ruido en la alfombra gruesa de la oficina. Rodeó el escritorio de caoba rápido. Acortó la distancia a cero.