Capítulo 1. El príncipe destronado.
Costa de Taormina, Sicilia
El sol de Sicilia pegaba fuerte sobre la cubierta de teca del Dolce Vita, el yate de veinticinco metros de Renzo Castelli.
Renzo abrió un ojo. Luego el otro.
La luz le taladró el cerebro como si fuera un picahielo.
Gimió y se tapó la cara con el brazo. A su lado, en la tumbona gigante, había una rubia espectacular durmiendo boca abajo. Al otro lado, en el suelo, había una morena enrollada en una toalla de Hermès.
—Joder —susurró Renzo con la voz pastosa—. ¿Qué día es