Iba en contra de su naturaleza seguirle la corriente, pero él había sido fantástico y ella no tenía fuerzas para luchar contra su absurda convicción de que no podía quedarse sola; sin embargo, una vez que se fuera, tenía toda la intención de recuperar su independencia.
Mientras yacía en su cama, Camille no esperaba dormir. Lo siguiente que supo fue que habían pasado cinco horas. Miró el reloj de la mesilla con su reloj de pulsera, sin poder creer que fuera tan tarde. Recordaba haberse acostado