—Le llevaron a la abuela su taza de té esta mañana y no despertó. —Intentó dejar la taza, pero le temblaban tanto las manos que no lograba alcanzar la mesa.
—Lo siento mucho, Camille —dijo Theo en voz baja. Su tristeza era tan profunda que podía sentirla como una presencia física.
Sabía que después ella le guardaría rencor por verla así, vulnerable, porque esa no era la imagen que a Camille le gustaba mostrar al mundo, pero aun así se alegraba de estar allí para ella.
No debería estar sola ahor