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Pero no podía. Él lo vería si lo hacía. Nunca había estado tan expuesta, tan vulnerable, y si lo miraba ahora, él vería cuánto lo amaba, porque nunca había dejado de amarlo. Incluso después de todo lo sucedido y las mil razones que le había dado para no amarlo.

"No", dijo ella, igualmente gutural.

Freya oyó su grito áspero al dejar clara su frustración, pero sus cuerpos estaban atrapados en una danza primitiva y eran igualmente incapaces de detenerse. Solo podían continuar, hasta que la tensión
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