Freya cerró los ojos con fuerza mientras él la besaba por todo el cuerpo, acariciándola con las manos. Jadeó cuando él retiró la tela de encaje para revelarla por completo; cuando la tomó en su boca, creyó morir de puro placer.
Su control se quebró por completo al extender la mano hacia él. Apretó los dientes, su rostro enrojecido era una máscara de feroz necesidad, casi sollozaba de frustración mientras sus dedos forcejeaban frenéticamente con la hebilla de su cinturón.
"Está bien, cariño", la