—¡Ay! ¡Ah! No te detengas —son los melodiosos gritos de Montse combinados con gemidos de placer, mientras el palpitar acelerado del corazón de Patricio, hace que su respiración se entrecorte. Ambos sienten cómo cada partícula de sus cuerpos explotan, invadida por una oleada de gozo y de placer. Sus movimientos sincronizados en una danza de pasión desbocada. En cada segundo tocan el cielo al lado de la persona que siempre han amado…
El cansancio no existe, es entregarse al otro, fundiendo sus