Gracias por ser mi salvadora.
—¡No lo puedo creer! —se dice para sí, Montse, al terminar de leer el cuento del «CONEJO CASCARRABIAS Y FLORECITA». Leer la dedicatoria que Patricio le hizo en ese entonces, cuando solo eran unos niños, le muestra que los sentimientos siempre han sido mutuos. Pero no entiende, ¿por qué nunca se confesaron nada?
—Buenos días, amor — la saluda su esposo con un beso apasionado, luego de haber ingresado con unas hermosas rosas y el almuerzo—. ¿Llevas mucho tiempo despierta?
—No, mi vida, me lev