—¿Dónde está el pequeño gatito? — pregunta Carlo, quien ha llegado inesperadamente.
—Está con la escritora ecuatoriana —el Francés no pudo continuar hablando, ya que fue interrumpido por Carlo.
—Los años los han vuelto blandos. Quiero que le den un curso avanzado de lucha cuerpo a cuerpo. Si no resiste, que pida clemencia y se aleje de mi hija —ordenó el hombre mayor, golpeando la mesa con el puño—. Tenemos un enemigo y, si Patricio no está preparado, será un blanco fácil. Entrenaron a Monts