—¡Patricio Reimann! ¡Detente! Estamos en un sitio público.
—Eso no es cierto, ¿has visto a alguien cerca? —Montse niega con su cabeza—. Esta parte de la playa es privada, así que vamos «¡sin pena en la arena!». —Le dice subiéndola sobre sus piernas y delineando con su mano el borde de la parte inferior de su bikini.
—¡Ay! ¡Dios, tú ganas! —exclama Montserrat. Retirando la parte superior de su vestido de baño para así quedar a la disposición de su esposo, quien no duda en aprisionar en sus mano