El silencio que siguió a la partida de Seraphina de la habitación del abuelo no duró mucho.
Alaric, no podía dejar que se fuera.
No con sus hijos, porque no importaba lo que ella dijese, esos niños eran suyos.
No con el hombre que ahora pretendía ocupar su lugar y borrarlo de la existencia de su pro