Capítulo 46 — Hay que besar al sapo en la boca.
GINA.
Escucho el repicar de mi alarma, notando a mis amigas dormidas en la cama. Todas ayer decidieron quedarse para ayudarme a despejar la mente y que me desahogara con ellas, pero lo único que pude hacer fue llorar como si fuera el fin del mundo, y por ello al mirarme frente al espejo noto unas enormes bolsas debajo de mis ojos.
—Dios —presiono mis dedos contra mis ojos, tratando de ocultar la hinchazón, pero sé que no tendrá solución, así que me ducho lo más rápido que puedo, y me maquillo