OCHO

...

William despertó otra vez a causa de su teléfono, pero esta vez no se trataba de un mensaje ni de una llamada. Era la alarma avisándole que debía levantarse porque esa mañana, como todo domingo, jugaría al golf con su padre y Franz, su hermano mayor. 

Siguiendo la misma rutina de todos los días, se acomodó las zapatillas de levantar, fue al baño y se dio una ducha de quince minutos por reloj

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