Lucía
La casa es muy lujosa y ordenada, camino con sumo cuidado pero sin dejar de mirar en dirección a David, hasta que se me ha perdido de vista.
—Pero que pasa… no muerdo —niego nerviosa y aprieto mis manos.
—Disculpa —alza una ceja y luego mira hacia la mesa.
—Es la cena especial de mamá, deberíamos de llevarla —asiento y tomo el plato que me entrega en brazos, pero justo en ese instante llegan Orazia y Carmina.
—¿Necesitan ayuda? —pregunta Orazia y Pía le entrega otro plato—. ¿Qué pasa