POR AURORA
Miraba al hombre que tenía frente a mí, ya no había nada del gran Maxwell King, ahora solo había un hombre pálido, demacrado y ojeroso.
Me miraba a los ojos y me suplicaba que lo escuchara.
Pero, ¿cómo podía escucharlo cuando el no quizo hacerlo conmigo?
¿Cómo darle una segunda oportunidad, cuando el jamás me dio un ápice de confianza?
Simplemente no podía, no podía darle lo que él no quiso darme a mí, así que el simplemente perdía el tiempo conmigo.
– Haber señor King, ¿cómo le ha