POR MAXWELL
Entre mi sueño busco a alguien o, mejor dicho, a mi ángel.
Estiro mi mano buscándola, pero no la encuentro, así que me despierto sobresaltado.
Observo la cama y encuentro su lugar... Vacío.
La busco con la mirada, pero no la encuentro; me levanto de la cama y voy en busca de mi ángel, de mi mujer.
¡Mi mujer!
¡Dios!, qué bien suena eso.
Busco por todos lados, pero no la encuentro; regreso a la habitación y me doy cuenta de que sus cosas ya no están.
—Se ha ido —digo en voz alta—. Mi