La mañana llegó con un sol tímido que se filtraba entre las cortinas de mi habitación. Había dormido apenas unas horas, despertándome cada poco para estar pendiente de Thiago si llamaba o necesitaba algo, pero el silencio era tranquilo, solo roto por el canto de los pájaros en el jardín.
—Buenos días, mi amor —susurré, besando su frente.
Thiago abrió los ojos lentamente y me sonrió.
—Mamá, ¿hoy vamos al parque?
—Hoy descansas, cariño —respondí, acariciando su cabello—. El doctor dijo que debes