Un hombre fiel y enamorado.
Casi al mediodía, Fiorela estaba ya por salir a la mansión Ferreti a ver a su hermana. Audrey le había llevado una muda de ropa para que asistiera a la reunión sin problemas.
— ¡Cuñada, te ves espectacular, no por nada mi hermano está loco por ti!
— Oh, eres muy amable, Audrey, te encargo mucho a tu hermano. Que no se levante de la cama, que coma bien, eh... Que no se ponga a trabajar. — Fiorela estaba recordando todas las instrucciones.
— No soy un niño, Fiorela. Sé muy bien cómo debo