Luna
Si había algo que Alexander Black no entendía, era que una niña de seis años no era un maldito robot.
Mía llevaba días siguiendo su rutina de clases, lectura y actividades estrictamente programadas. Y aunque no se quejaba en voz alta, yo veía en su carita que le faltaba algo. Libertad, emoción, aventura.
Así que decidí hacer lo que mejor se me daba: romper las reglas.
—¿Quieres hacer algo divertido? —le susurré a Mía mientras terminaba de colorear dentro de los límites perfectos de su libr