Esa noche el CEO Volkov, y el mafioso Degel Rodríguez, se despidieron y dieron las gracias a Santiago Vitalli, por toda su ayuda. Después de todo gracias a él las cosas se habían resuelto más rápido.
— Está hecho, por fin te deshiciste de semejante problema. Esa mujer y ese CEO Italiano, mm, definitivamente son tal para cuál.
— Se quisieron pasar de listos, pero yo no soy alguien que tenga piedad con mis enemigos.
— A todo esto, ¿Ya le has dicho a Domenica, que el niño en la barriga de