El niño no es mío.
Los nudillos del magnate ruso se pusieron blancos de lo mucho que apretaba los puños. Esa maldita mujer le había hecho la vida un infierno el último mes.
Su rabia era intensa, pura, quería destrozar a esos dos hijos de puta que le habían mentido a la cara, que por su culpa su amada esposa después de recibir la dura noticia del embarazo de Estefanía, no lo soportó y casi pierde la vida en ese accidente de auto.
— ¡Nunca los dejaré ir, pagarán caro el daño y el dolor que mi mujer tuvo que