El silencio se apoderó de la sala.
Helena seguía mirando la pantalla.
Sin poder creerlo.
Gabriel tampoco.
Vanessa parecía igual de impactada.
Durante semanas habían investigado intrusiones.
Contratos desaparecidos.
Transferencias sospechosas.
Pero nadie esperaba aquello.
—No.
murmuró Gabriel.
—Esto no tiene sentido.
Helena volvió a mirar el documento.
El nombre seguía allí.
Inalterable.
Irrefutable.
Firmado digitalmente.
Registrado oficialmente.
—¿Estás seguro de que es auténtico?
preguntó Vane