Danilo
Él caminaba arrastrado por los pasillos como si la prisión se hubiera convertido en un cómic surrealista. La luz y la sombra se cruzaban en cuadros que parecían dibujados por un artista cruel: lámparas que chisporroteaban, barrotes que proyectaban líneas negras como viñetas, guardias que se movían con gestos exagerados, casi caricaturescos.
—¿Sabes qué pareces? —le dijo uno de los guardias, con voz burlona—. Un zombi, un muerto en vida, de esos que se ven en las películas, aunque de los