Robert no se movió de mi habitación, solamente se marchaba cuando venían mis amigas a verme, para que él pudiera visitar a sus pacientes, volviendo a la habitación donde yo estaba cuando terminaba sus visitas, una noche que estábamos los dos hablando, escuchamos como tocaban a la puerta de la habitación, viendo entrar a Mario con un precioso ramo de rojas rojas
—¿Puedo pasar? — preguntó Mario
— Si claro pasa, os dejo a solas — dijo Robert, dándome un beso en los labios, marchandose de la habita