La tarde caía lentamente sobre la casa. El aire era cálido, pero cargado de tensión, como si la brisa presintiera el choque de emociones que estaba por estallar dentro de esas paredes frías y decoradas con ostentación.
Mariana estaba en la cocina, removiendo con delicadeza una taza de té que ni siquiera pensaba beber. Su mente vagaba por rincones oscuros del pasado, por decisiones tomadas bajo presión, por dolores que aún no cicatrizaban. En ese momento, el sonido firme de tacones resonando sob