Francisco había sacado un pequeño pañuelo que tenía en su mochila y presionó con fuerza la herida en la ceja de Adrián. La mujer había cerrado las puertas del agujero en el que habían caído y ahora los tres estaban atrapados, iluminados únicamente por las luces de las linternas.
— No es muy profundo — le dijo el policía después de un rato — Solo requerirá un par de puntadas, pero tengo esto que podría ayudar.
Le pegó unos pedacitos de cinta juntando la piel para cerrar la herida. Luego le limp