Un rival de amor del pasado.
Alejandro Rodríguez apenas tenía diez meses de nacido, pero parecía decidido a demostrar que ningún despacho ejecutivo estaba preparado para un bebé curioso.
La oficina principal de Rodrigo Ivanov, normalmente impecable y silenciosa, se había transformado en un pequeño campo de exploración.
El niño, vestido con un diminuto conjunto azul marino, gateaba con sorprendente velocidad sobre la alfombra mientras Rodrigo revisaba unos contratos y desde su escritorio lo miraba.
— ¿Y tú a dónde