Un bello momento de tres.
El ascensor privado del Centro Médico Imperial ascendía en completo silencio hacia el piso de Obstetricia Materno-Fetal.
Katherina llevaba una mano sobre su vientre de cinco meses mientras Rodrigo estaba a su lado con toda su imponencia.
A pesar de la separación, él había insistido en acompañarla a cada revisión prenatal.
No porque creyera que aquello cambiaría la decisión de su esposa de divorciarse de él.
Sino porque consideraba que era su deber como padre y además le hacía ilusión.