La fuerza del amor.
El penthouse volvió a quedarse en silencio después de una jornada agotadora.
Las luces de la ciudad brillaban al otro lado de los ventanales, mientras Eliester dormía profundamente en su habitación, ajeno a la tormenta que rodeaba a la familia Ivanov.
Rodrigo entró al dormitorio con la corbata aflojada y el rostro marcado por el cansancio.
Katherina cerró el libro que sostenía entre las manos al verlo.
—¿Cómo fue el día?
Él hombre dejó el saco sobre un sillón.
— Productivo. — Respondió e