Provocando al CEO Ivanov.
El amanecer encontró a Rodrigo Ivanov despierto.
No había dormido más de dos horas.
Desde el enorme ventanal de su despacho contemplaba el amanecer de la ciudad mientras sostenía una taza de café ya casi frío.
Sobre el escritorio descansaban las dos fotografías anónimas que habían llegado en menos de veinticuatro horas: una de Eliester y otra de Katherina.
No era una coincidencia.
Era un mensaje.
Y Rodrigo detestaba que intentaran intimidarlo.
La puerta del despacho se abrió con suavid