Cuando el doctor me dio el alta y me dijo que me fuera a casa, pero tomándome lo que él me mandó, Mark y yo no cabíamos en nuestro cuerpo por la alegría que teníamos. Mi esposo me ayudó a vestirme, marchando de la clínica hacia donde tenía su coche. Al llegar a nuestra casa Anita estaba muy nerviosa y a la vez muy contenta de que volviéramos a nuestra casa.
—-- Anita ¿qué te pasa? te veo muy nerviosa —- pregunto mi esposo.
—- Hay señor, su madre acaba de marcharse, me ha dicho que la señorita D