Brith la miraba, atónito. Su rostro estaba pálido, y sus ojos estaban llenos de una mezcla de rabia y preocupación. No podía creer lo que estaba viendo. Ella se odiaba tanto que estaba dispuesta a destruirse a sí misma para borrar lo que había ocurrido entre ellos.
"¡Para ya!" gritó, sujetándola con más fuerza." ¡Te estás lastimando, maldita sea!"
Ella no respondió. Seguía frotándose, ignorando el dolor, ignorándolo a él. Brith sintió cómo su paciencia se agotaba. Su propia ira, alimentada por