El beso se volvió más intenso, más desesperado. Sus labios se movían con urgencia, como si estuvieran tratando de borrar todo el dolor, toda la rabia, toda la confusión. Las manos de Brith se deslizaron por la espalda de Brihana, mientras ella lo agarraba con fuerza, como si temiera que pudiera desaparecer.
El alcohol era un cómplice silencioso, nublando sus mentes y apagando cualquier rastro de lógica o razón. Sus cuerpos se movían con una necesidad casi salvaje, despojándose de las barreras,