El sonido de su nombre en su voz la golpeó como una ola. Sintió una mezcla de emociones: sorpresa, nostalgia, y una punzada de dolor. Pero también sintió enojo, un enojo que había estado enterrado durante semanas y que ahora comenzaba a salir a la superficie. Antes de que pudiera decir algo, sus dedos se movieron por instinto. Colgó la llamada.
En la oficina de Brith, el silencio que siguió a la llamada fue ensordecedor. El asistente, que había sostenido el teléfono en altavoz, levantó la mirada