En su oficina, Brith estaba hundido en la desesperación. Había perdido el control de la empresa, y la crisis seguía creciendo. No sabía qué más hacer. Finalmente, tomó su teléfono y marcó un número que no había llamado en mucho tiempo.
"¿Hola?" —respondió una voz femenina al otro lado de la línea.
Brith sintió un nudo en la garganta al escucharla. Era una voz que conocía demasiado bien, una voz que todavía lo hacía sentir cosas que no quería admitir.
"Brihana… soy yo, Brith" —dijo, con voz baja