Kael sintió la furia de su amigo, y sabía que cuando se levantara del suelo iba a arremeter contra ella con todo lo que tenía.
El gruñido de Otto resonó en la entrada de la oficina.
—Me las vas a pagar… —dio un paso hacia Astrea.
Pero todo quedó ahí, porque Kael se acercó a Otto y lo alejó de ella de un solo empujón.
—Tú no harás absolutamente nada —le ordenó a su beta y amigo, luego miró de manera severa a Astrea, la señaló con el dedo para decirle: —Después tú y yo tendremos una conversaci