Roman esperaba junto a la mesa. Había llegado temprano a propósito. Sin el teléfono en la mano. Solo esperaba, con la vista fija en la puerta. Sentía el pecho apretado de una manera que no sentía en años. Esta cena era solo de ellos. Sin Aldric. Sin la empresa. Solo ellos.
La puerta se abrió. Sera entró. Lo vio de inmediato. Él se quedó de pie, alto y quieto.
Ella lo miró. Él la miró. Pasaron tres segundos en silencio. El corazón de ella latía con fuerza. Algo se retorció en su pecho.
“Te ves.”