Se despertó a las cinco y cuarenta y tres.
El penthouse estaba en silencio de esa manera en que está en silencio antes de que la ciudad se haya comprometido del todo con el día. Se quedó tendido un momento, sin intentar volver a dormirse, solo tendido en la cualidad de la mañana y en el hecho de que había dormido bien, algo que había dejado de dar por sentado.
Se levantó.
Preparó café en la encimera, la misma encimera, el mismo armario que ahora conocía sin mirar, y llevó la taza a la mesa de l