El comedor de los Montague acomodaba cómodamente a diez personas y a veinte cuando era necesario.
Esa noche había siete.
Rosa había sacado la vajilla buena sin que nadie se lo pidiera. Los candelabros de plata que solo aparecían en ocasiones familiares. El vino tinto específico que Savio reservaba para las veladas que no eran de negocios.
Esos detalles significaban algo.
Sera había crecido leyendo aquella habitación de la misma manera en que otros niños leían libros ilustrados.
Los tres asociad