Siempre desempacaba la misma noche.
Era un hábito de años de viajes. La negativa a dejar una maleta abierta en el suelo, la ropa sucia mezclada con las cosas limpias, el viaje filtrándose hacia la casa. Desempacaba en el momento en que llegaba, clasificaba todo en su lugar, y guardaba la bolsa. Hacía que la transición fuera limpia. Era una pequeña forma de control que había mantenido desde que tenía diecinueve años y había decidido, sin mucha deliberación, que no era el tipo de persona que viví