Isabella cruzó el estudio y dejó la carpeta sobre su escritorio, en línea recta, como había dejado el recibo de la donación junto a su plato hace toda una vida.
—Ábrela —dijo.
Leonardo miró la carpeta. Luego su rostro. Y ella vio cómo el color lo abandonaba por etapas, como una marea que retrocede.
—Isabella.
—Ábrela, o te la leeré yo. Soy muy buena leyendo documentos en voz alta. Aparentemente es lo único en esta casa por lo que alguien me valora.
La abrió.
El acuerdo de conciliación. La narra