16. UN BORRACHO MUY PERDIDO
—¡Te falto limpiar aquí, niña!
—No me faltó nada, las 25 mesas mías ya están limpias —Pau tenía las manos rojas y casi en carne viva, mientras respondía aquel grito grosero.
—¡Tonta que eres! ¿Es que acaso me viste pasar el trapero solo por mi lado del restaurante? —la chica estaba cansada, llevaba dos días en aquel nuevo trabajo y sus manos estaban adoloridas, sus piernas cansadas y aunque había podido comer bien por el dinero que le dio Alicia, sentía un vació mordaz en su estómago.
Había p