49. ¡ALICIA, NO CORRAS!
—¡Vamos, Alicia! no te escondas más.
La chica estaba empapada, ya no sabía muy bien porque le dolía tanto el cuerpo, si por le agua fría o por los golpes que le habían dado los hombres de James.
—Alicia, si te dejas atrapar te prometo que no tocaré a tu hijo.
Sus ojos estaban cerrados con fuerza, mucha fuerza. Sus costillas dolían como el demonio, le costaba respirar y el frío le estaba matando lentamente.
—¡Te encontré! —el pequeño escondite que había encontrado no sirvió por mucho tiempo,