El Jeque no podía creer en esas fotos, su esposa lo amaba, Monserrat lo adoraba, pero ahora mismo estaba tan cerca de ese hombre ruso que parecía intentar seducirla en casa paso, en cada respiración, y en cada maldito momento.
— ¡Mi esposa me ama, no puede tener una aventura con ese príncipe encantador europeo! ¿Qué diablos está pasando?
— No lo sé, ¿Dímelo tú? Si te ama porque de pronto está paseando por un romántico parque, al lado de este príncipe nobiliario perfecto y varonil, y...