Paciente y amable, Alejandra, se hizo cargo de todo con respecto a su esposo, le aplicaba las gotas a la hora indicada, le daba los alimentos, las medicinas, y lo calmaba cuando el mafioso volvía a sentir ansiedad, así pasó una semana en dónde aunque le quitaron los parches, no podía ver aún
— Ahh... está espera es una tortura, preferiría que un enemigo me llevara y me torturara a golpes, a veces la paciencia se me va por completo
— ¿Cuál paciencia? si parece que no tienes, el médico dijo que