DECIDIDA.

IMPERIO

Una calidez me abrazó el alma, esboce una pequeña sonrisa al escuchar sus palabras. Tristán era el hombre perfecto. Era una pena que yo no fuese libre, para amarlo como deseaba. Aun así, no quería perderlo. Estaba loca; pero no podía negar los sentimientos que nacieron en mi corazón, era imposible no amarlo.

—No voy a obligarte a nada, así es cómo funciona el amor para mí, Imperio. Puedes pensarlo y elegir en algún momento y cualquiera que sea tu decisión. Voy a respetarla.

Mi corazón latió locamente, este hombre era el amor en su máxima expresión. No pude responder, no sabía qué decir. Él dejó un beso en mi mejilla y salió de la cocina. Dejándome con miles de inquietudes y el deseo desbordante de estar nuevamente entre sus brazos.

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