Capítulo 14: El Campo de los Eclipsados y el silencio de los alfas.
El amanecer en la frontera norte de Bosque de Otoño no trajo luz, sino una niebla espesa, de un color gris ceniza, que parecía emanar de los poros mismos de la tierra. Bella estaba de pie en la cima de la colina del Vigía, el punto exacto donde las tierras de los lobos se encontraban con el páramo neutral. A su lado, Eric de Golden permanecía en su forma humana, pero sus ojos grises no se apartaban de la masa de guerreros que se congregaba en el valle.
Eran cinco manadas. Cinco Alfas que habían unido sus colmillos bajo una sola bandera de plata, convencidos de que una "abominación" como Bella no podía ostentar el poder. El brillo de sus armaduras y el fulgor de sus espadas bendecidas con acónito creaban un mar de metal que habría intimidado a cualquier ejército convencional.
—Son casi tres mil guerreros, Bella —comentó Eric, cruzando los brazos sobre su pecho—. Dicen que traen consigo a los sacerdotes de la Luna para "exorcizar" tu vacío. Creen que eres un demonio que posee el cuerpo