La nota permaneció sobre la mesa mucho después de que todos hubiéramos terminado de leerla.
No era especialmente larga. Tampoco contenía una amenaza explícita, una orden o una advertencia que pudiéramos llevar ante el consejo y exigir que alguien nos explicara. Eran apenas unas palabras escritas con una letra que ya habíamos visto antes.
No busques a Seraphine para preguntarle por qué no llegó. Pregúntale por qué decidió quedarse.
La leí por tercera vez.
Después, una cuarta.
—Odio las notas mis