C55-¡NO ERES MI HIJO!
La mansión de los Valerius estaba tan pulcra como siempre. Mármol frío, luces perfectas, silencio controlado. Damián se quedó de pie frente a sus padres con la espalda recta y las manos quietas, aunque por dentro el pulso le golpeaba con fuerza.
Mirela Valerius sonrió cálidamente a su hijo mientras le servía una taza de té.
—Qué alegría que hayas venido, HIJITO —dijo con voz melodiosa—. Justamente estábamos revisando los detalles de la boda. El salón principal ya está rese