—¿Estamos bien?—ella asiente—, entonces vayamos a comer algo, muero de hambre y supongo que tú también.
—No tengo hambre, solo cansancio y sueño.
—¿Desde cuándo te sientes así?—me preocupo.
—Desde hace unos meses, pero hoy es cuando más he sentido los síntomas.
Ella continúa abrazándome con los ojos cerrados.
—¿Tienes algún otro síntoma?
—El cabello se me cae a montones, por eso siempre lo llevo recogido. Supongo que es por el estrés.
—Mmm, tienes que hacerte los exámenes de sangre pequeña.